El Estado soy yo:
La política exterior de Sánchez como herramienta de supervivencia personal.
El "Hiperpresidencialismo antidemocrático" frente a la Constitución
Aunque la Constitución Española otorga al Gobierno la dirección de la política exterior (Art. 97), la tradición democrática - desgraciadamente en desuso por este Gobierno- y el espíritu de la Transición siempre han buscado el consenso en las grandes cuestiones de Estado.
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Hechos consumados: Sánchez ha convertido en norma el anunciar cambios históricos (como el giro sobre el Sáhara Occidental en su momento o los compromisos de gasto y envío de tropas en 2025 y 2026) a través de cartas o declaraciones en cumbres internacionales, antes incluso de informar al Congreso, es decir puenteando al Congreso.
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El Congreso como "notario", no como decisor: Se presenta en la Cámara para "dar cuenta" de lo ya decidido, vaciando de contenido el debate parlamentario y tratando al legislativo como un mero trámite decorativo.
La Diplomacia como Escudo Penal y Político
La estrategia, que envuelve intereses espurios, parece clara:
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Internacionalizar para Evadir: Al proyectarse como un líder indispensable en la OTAN o en la resolución de conflictos (Ucrania, Palestina), busca que cualquier crítica interna o investigación judicial parezca un "ataque a la estabilidad del Estado" en un momento crítico.
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La Guerra como Excusa: Utiliza el pretexto del conflicto para justificar la falta de presupuestos o la aprobación de planes de defensa por decreto-ley, argumentando una "urgencia" que le permite saltarse el control parlamentario ordinario.
La Ruptura del Consenso de Estado
Históricamente, la política exterior española era un área de "no agresión" entre los grandes partidos. Sánchez ha roto esto y muchas cosas más como ya protagonizó su colega Zapatero:
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Alineamientos Unilaterales: Actuar en nombre de "España" en temas que dividen profundamente a la sociedad y al propio arco parlamentario genera una debilidad externa. Países aliados (y enemigos) ven que la posición de España no es la de una nación, sino la de un líder circunstancial y malintencionado.
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Riesgo de Irrelevancia: Al no estar respaldadas por el Congreso, estas decisiones son frágiles. La oposición ya denuncia que Sánchez "compromete a España sin el permiso de los españoles", lo que genera una inseguridad jurídica internacional sin precedentes.
El "lavado de imagen" no es solo estético, sino institucionalmente corrosivo, porque al actuar sin el Congreso, Sánchez no está representando a España, sino utilizándola como plataforma de relaciones públicas para blindar su posición interna y agitar a una izquierda descompuesta.