PORTADA DEL ABC Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Sánchez y Marlaska delegan en una Secretaria de Estado la representación en el funeral de dos guardias civiles en Huelva
Honor sin honores de Estado: la soledad del uniforme ante el silencio institucional Quien ha vestido un uniforme y ha jurado servir a España sabe que el compromiso con el deber implica aceptar riesgos que la mayoría de los ciudadanos nunca llegará a conocer. Se asume con naturalidad el sacrificio, la disciplina y, llegado el caso, la entrega de la propia vida. Lo que resulta más difícil de comprender es la sensación de vacío institucional cuando quienes han caído en acto de servicio no reciben el respaldo simbólico que merecen. La ausencia del presidente del Gobierno y de miembros relevantes del Ejecutivo en el último adiós a los guardias civiles recientemente fallecidos ha sido interpretada por muchos miembros de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como una señal de distanciamiento institucional. Más allá del debate político, el problema es profundamente simbólico. En el ámbito militar y policial, los gestos poseen un valor esencial. El saludo, la presencia en los funerales, los honores y el respeto a los caídos no son simples formalidades. Constituyen parte de la cohesión moral de instituciones construidas sobre la lealtad, el sacrificio y el sentido del deber. “El honor es mi divisa”, lema histórico de la Guardia Civil, no solo interpela a quien sirve, sino también a las instituciones que representan al Estado. Reconocer públicamente a quienes han perdido la vida protegiendo a los demás no debería entenderse como una cuestión ideológica ni protocolaria, sino como un deber institucional básico. Cuando quienes sirven en primera línea perciben una creciente distancia entre el poder político y la realidad operativa del terreno, puede aparecer una sensación de desamparo institucional que afecta a la moral colectiva. El riesgo operativo siempre ha formado parte del servicio; la percepción de indiferencia institucional es otra carga distinta y mucho más difícil de asumir. Los guardias civiles fallecidos cumplieron con su deber sin preguntar quién gobernaba ni cuál era el clima político del momento. Lo hicieron porque entendían el servicio como una obligación hacia España y hacia los ciudadanos. A sus familias, solo cabe trasladar respeto, gratitud y memoria. Porque más allá de cualquier circunstancia política, quienes dieron su vida en cumplimiento del deber merecen ser recordados con la dignidad y el reconocimiento que exige el uniforme que vistieron.
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Sánchez y Marlaska delegan en una Secretaria de Estado la representación en el funeral de dos guardias civiles en Huelva

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Honor sin honores de Estado: la soledad del uniforme ante el silencio institucional

Quien ha vestido un uniforme y ha jurado servir a España sabe que el compromiso con el deber implica aceptar riesgos que la mayoría de los ciudadanos nunca llegará a conocer. Se asume con naturalidad el sacrificio, la disciplina y, llegado el caso, la entrega de la propia vida. Lo que resulta más difícil de comprender es la sensación de vacío institucional cuando quienes han caído en acto de servicio no reciben el respaldo simbólico que merecen.

La ausencia del presidente del Gobierno y de miembros relevantes del Ejecutivo en el último adiós a los guardias civiles recientemente fallecidos ha sido interpretada por muchos miembros de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como una señal de distanciamiento institucional. Más allá del debate político, el problema es profundamente simbólico.

En el ámbito militar y policial, los gestos poseen un valor esencial. El saludo, la presencia en los funerales, los honores y el respeto a los caídos no son simples formalidades. Constituyen parte de la cohesión moral de instituciones construidas sobre la lealtad, el sacrificio y el sentido del deber.

“El honor es mi divisa”, lema histórico de la Guardia Civil, no solo interpela a quien sirve, sino también a las instituciones que representan al Estado. Reconocer públicamente a quienes han perdido la vida protegiendo a los demás no debería entenderse como una cuestión ideológica ni protocolaria, sino como un deber institucional básico.

Cuando quienes sirven en primera línea perciben una creciente distancia entre el poder político y la realidad operativa del terreno, puede aparecer una sensación de desamparo institucional que afecta a la moral colectiva. El riesgo operativo siempre ha formado parte del servicio; la percepción de indiferencia institucional es otra carga distinta y mucho más difícil de asumir.

Los guardias civiles fallecidos cumplieron con su deber sin preguntar quién gobernaba ni cuál era el clima político del momento. Lo hicieron porque entendían el servicio como una obligación hacia España y hacia los ciudadanos.

A sus familias, solo cabe trasladar respeto, gratitud y memoria. Porque más allá de cualquier circunstancia política, quienes dieron su vida en cumplimiento del deber merecen ser recordados con la dignidad y el reconocimiento que exige el uniforme que vistieron.

PORTADA DE LA RAZÓN Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
El secreto de los sumarios alarga la agonía del PSOE y del Gobierno
El titular se refiere a que el secreto del sumario sobre la SEPI y Plus Ultra prolonga el desgaste político del Gobierno. El mantenimiento del secreto de sumario en la investigación judicial más allá de la dimensión estrictamente procesal, en un factor de erosión política constante para el Gobierno y para el PSOE. La razón es simple: cuando una causa permanece abierta, bajo secreto y rodeada de investigaciones internacionales, el debate público deja de centrarse en certezas jurídicas y pasa a alimentarse de sospechas, filtraciones parciales y escenarios hipotéticos. Y en política, el desgaste suele producirse mucho antes de que exista una sentencia. La Audiencia Nacional mantiene actualmente la causa bajo secreto mientras investiga el destino de los 53 millones de euros concedidos a la aerolínea durante la pandemia y posibles conexiones internacionales vinculadas a operaciones de blanqueo de capitales. El secreto de sumario tiene una finalidad legítima: proteger la investigación y evitar la destrucción de pruebas o la alteración de diligencias sensibles. Sin embargo, en términos políticos produce un efecto colateral evidente: prolonga durante meses —o incluso años— una sensación de incertidumbre pública. Pero el secreto no impide las filtraciones parciales. Al contrario: favorece que aparezcan informaciones fragmentadas, imposibles de contrastar íntegramente, que mantienen viva la sensación de crisis continua. El resultado político es claro. Aunque todavía no exista una conclusión judicial definitiva, la mera existencia de una investigación reservada sobre fondos públicos y presuntas conexiones internacionales erosiona diariamente la imagen del Ejecutivo. Uno de los elementos más sensibles del caso es la posible conexión entre el rescate de Plus Ultra y determinadas redes empresariales vinculadas a Venezuela. Diversas informaciones periodísticas apuntan a que la Fiscalía Anticorrupción y la Audiencia Nacional investigan movimientos financieros internacionales y relaciones empresariales próximas a figuras del entorno del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, conviene recordar que una investigación no equivale a culpabilidad. Pero desde el punto de vista político, el problema para el PSOE es distinto: el secreto del sumario mantiene abierta la expectativa de que puedan aparecer nuevos elementos comprometedores en cualquier momento. Y esa incertidumbre tiene un enorme coste político para un partido que llega a esta fase de la legislatura con evidentes síntomas de desgaste institucional y parlamentario. Otro de los aspectos más delicados de la investigación afecta a los informes y valoraciones que sirvieron de soporte técnico al rescate público. La cuestión de fondo es especialmente grave: si finalmente se acreditara que la compañía presentaba una situación económica incompatible con los requisitos exigidos para acceder al rescate, la investigación podría desplazarse desde el debate político hacia posibles responsabilidades penales relacionadas con prevaricación administrativa o malversación. Precisamente por ello, el mantenimiento del secreto judicial suele interpretarse como un indicio de que los investigadores consideran todavía abiertas diligencias relevantes y potencialmente sensibles. En conclusión, la cuestión esencial ya no es únicamente si existió o no un trato de favor hacia una aerolínea de peso muy reducido dentro del mercado español. La verdadera dificultad para el Gobierno es que el caso impide cerrar políticamente el debate. Cada prórroga del secreto, cada nueva comisión rogatoria internacional y cada filtración reactivan la crisis y bloquean cualquier intento del Ejecutivo de recuperar la iniciativa política. Mientras el procedimiento siga abierto y bajo secreto, el Gobierno continuará atrapado en una dinámica defensiva, obligado a responder preguntas sobre el rescate, la SEPI y las conexiones internacionales de la causa, en lugar de imponer su propia agenda legislativa o política.
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El secreto de los sumarios alarga la agonía del PSOE y del Gobierno

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El titular se refiere a que el secreto del sumario sobre la SEPI y Plus Ultra prolonga el desgaste político del Gobierno. El mantenimiento del secreto de sumario en la investigación judicial más allá de la dimensión estrictamente procesal, en un factor de erosión política constante para el Gobierno y para el PSOE.

La razón es simple: cuando una causa permanece abierta, bajo secreto y rodeada de investigaciones internacionales, el debate público deja de centrarse en certezas jurídicas y pasa a alimentarse de sospechas, filtraciones parciales y escenarios hipotéticos. Y en política, el desgaste suele producirse mucho antes de que exista una sentencia.

La Audiencia Nacional mantiene actualmente la causa bajo secreto mientras investiga el destino de los 53 millones de euros concedidos a la aerolínea durante la pandemia y posibles conexiones internacionales vinculadas a operaciones de blanqueo de capitales.

El secreto de sumario tiene una finalidad legítima: proteger la investigación y evitar la destrucción de pruebas o la alteración de diligencias sensibles. Sin embargo, en términos políticos produce un efecto colateral evidente: prolonga durante meses —o incluso años— una sensación de incertidumbre pública. Pero el secreto no impide las filtraciones parciales. Al contrario: favorece que aparezcan informaciones fragmentadas, imposibles de contrastar íntegramente, que mantienen viva la sensación de crisis continua. El resultado político es claro. Aunque todavía no exista una conclusión judicial definitiva, la mera existencia de una investigación reservada sobre fondos públicos y presuntas conexiones internacionales erosiona diariamente la imagen del Ejecutivo.

Uno de los elementos más sensibles del caso es la posible conexión entre el rescate de Plus Ultra y determinadas redes empresariales vinculadas a Venezuela. Diversas informaciones periodísticas apuntan a que la Fiscalía Anticorrupción y la Audiencia Nacional investigan movimientos financieros internacionales y relaciones empresariales próximas a figuras del entorno del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, conviene recordar que una investigación no equivale a culpabilidad. Pero desde el punto de vista político, el problema para el PSOE es distinto: el secreto del sumario mantiene abierta la expectativa de que puedan aparecer nuevos elementos comprometedores en cualquier momento. Y esa incertidumbre tiene un enorme coste político para un partido que llega a esta fase de la legislatura con evidentes síntomas de desgaste institucional y parlamentario.

Otro de los aspectos más delicados de la investigación afecta a los informes y valoraciones que sirvieron de soporte técnico al rescate público. La cuestión de fondo es especialmente grave: si finalmente se acreditara que la compañía presentaba una situación económica incompatible con los requisitos exigidos para acceder al rescate, la investigación podría desplazarse desde el debate político hacia posibles responsabilidades penales relacionadas con prevaricación administrativa o malversación. Precisamente por ello, el mantenimiento del secreto judicial suele interpretarse como un indicio de que los investigadores consideran todavía abiertas diligencias relevantes y potencialmente sensibles.

En conclusión, la cuestión esencial ya no es únicamente si existió o no un trato de favor hacia una aerolínea de peso muy reducido dentro del mercado español. La verdadera dificultad para el Gobierno es que el caso impide cerrar políticamente el debate. Cada prórroga del secreto, cada nueva comisión rogatoria internacional y cada filtración reactivan la crisis y bloquean cualquier intento del Ejecutivo de recuperar la iniciativa política.

Mientras el procedimiento siga abierto y bajo secreto, el Gobierno continuará atrapado en una dinámica defensiva, obligado a responder preguntas sobre el rescate, la SEPI y las conexiones internacionales de la causa, en lugar de imponer su propia agenda legislativa o política.

PORTADA DE EL MUNDO Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
La soledad de Luzón
Existe un inquietante paralelismo entre la situación de la Fiscalía Anticorrupción y la de la Guardia Civil en la lucha contra el narcotráfico. Ambas instituciones comparten una misma sensación: la soledad de medios frente a organizaciones cada vez más sofisticadas, mejor financiadas y jurídicamente blindadas. Es la imagen del capitán de un barco obligado a perseguir fragatas rápidas armado únicamente con un remo y una tripulación insuficiente. El fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, lleva años advirtiendo de que su departamento se encuentra desbordado. El número de fiscales especializados resulta claramente insuficiente para afrontar el volumen y complejidad de las macrocausas que han marcado la última década —Púnica, Villarejo y otros grandes procedimientos—. Frente a ellos no comparecen delincuentes improvisados, sino estructuras defendidas por algunos de los despachos más potentes del país, con recursos prácticamente ilimitados. A ello se suma una carencia estructural especialmente grave: la Fiscalía Anticorrupción no dispone de peritos propios. Depende de técnicos adscritos a la AEAT y a la IGAE, organismos externos a su estructura funcional. Luzón ha reconocido públicamente en distintas ocasiones que esta dependencia constituye un enorme “handicap”, pues deja investigaciones enteras condicionadas por la disponibilidad de otros ministerios y organismos. Las consecuencias son evidentes: retrasos, bloqueos técnicos y procedimientos que se acercan peligrosamente a los límites de la prescripción. Pero quizá el aspecto más significativo de Luzón sea precisamente su perfil personal. No es un fiscal mediático. No busca titulares ni protagonismo político. Su posición ha sido siempre eminentemente técnica, discreta y alejada del ruido que rodea habitualmente las guerras internas de las asociaciones fiscales. Esa soledad, en parte buscada, le ha permitido preservar una imagen de independencia. Sin embargo, también le sitúa en una posición especialmente vulnerable frente a las presiones cruzadas de todos los actores implicados. Y es ahí donde aparece la dimensión política del problema. En Moncloa existe desde hace tiempo un evidente malestar porque Luzón no se pliega a estrategias de oportunidad política. Mientras determinados sectores de la Fiscalía General del Estado han endurecido posiciones frente a colaboradores o confidentes en causas sensibles, Luzón ha defendido públicamente la aplicación de atenuantes cuando existe una colaboración efectiva con la Justicia. Para el Gobierno, que el fiscal otorgue credibilidad parcial a declaraciones incómodas supone un auténtico incendio político difícil de apagar. No obstante, el Ejecutivo tampoco dispone de plena libertad de maniobra. El mandato de Luzón se extiende hasta octubre de 2027 y su prestigio técnico dentro de la carrera fiscal es sólido. Cualquier intento de apartarlo o erosionar su posición sería interpretado como un ataque directo a la independencia del Ministerio Fiscal. En determinados círculos políticos se le considera un “verso suelto”, precisamente porque mantiene un criterio propio y técnico incluso bajo presión. La paradoja resulta evidente: el mismo Gobierno que observa con incomodidad algunas de sus posiciones utiliza sus declaraciones cuando estas resultan políticamente favorables. Así ocurrió cuando determinadas manifestaciones realizadas por Luzón ante el Tribunal Supremo fueron utilizadas públicamente para sostener que el núcleo del Ejecutivo es ajeno casos de corrupción. En ese sentido, es necesario traer a colación las palabras recientes de Bolaños y Elma Saiz en relación al caso mascarillas y las declaraciones de Aldama sonre el número uno de la trama. Todo ello revela una cuestión de fondo mucho más preocupante: la lucha contra la corrupción en España continúa dependiendo, en demasiadas ocasiones, del sacrificio individual de determinados profesionales más que de una estructura institucional verdaderamente reforzada. Igual que ocurre con la Guardia Civil frente al narcotráfico, el problema no parece ser la falta de voluntad de quienes están en primera línea, sino la insuficiencia de medios con los que se les obliga a combatir. Y cuando quienes deben perseguir la corrupción o el crimen organizado terminan actuando prácticamente en solitario, la debilidad deja de ser únicamente presupuestaria. Se convierte también en una fragilidad institucional.
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La soledad de Luzón

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Existe un inquietante paralelismo entre la situación de la Fiscalía Anticorrupción y la de la Guardia Civil en la lucha contra el narcotráfico. Ambas instituciones comparten una misma sensación: la soledad de medios frente a organizaciones cada vez más sofisticadas, mejor financiadas y jurídicamente blindadas. Es la imagen del capitán de un barco obligado a perseguir fragatas rápidas armado únicamente con un remo y una tripulación insuficiente.

El fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, lleva años advirtiendo de que su departamento se encuentra desbordado. El número de fiscales especializados resulta claramente insuficiente para afrontar el volumen y complejidad de las macrocausas que han marcado la última década —Púnica, Villarejo y otros grandes procedimientos—. Frente a ellos no comparecen delincuentes improvisados, sino estructuras defendidas por algunos de los despachos más potentes del país, con recursos prácticamente ilimitados.

A ello se suma una carencia estructural especialmente grave: la Fiscalía Anticorrupción no dispone de peritos propios. Depende de técnicos adscritos a la AEAT y a la IGAE, organismos externos a su estructura funcional. Luzón ha reconocido públicamente en distintas ocasiones que esta dependencia constituye un enorme “handicap”, pues deja investigaciones enteras condicionadas por la disponibilidad de otros ministerios y organismos. Las consecuencias son evidentes: retrasos, bloqueos técnicos y procedimientos que se acercan peligrosamente a los límites de la prescripción.

Pero quizá el aspecto más significativo de Luzón sea precisamente su perfil personal. No es un fiscal mediático. No busca titulares ni protagonismo político. Su posición ha sido siempre eminentemente técnica, discreta y alejada del ruido que rodea habitualmente las guerras internas de las asociaciones fiscales. Esa soledad, en parte buscada, le ha permitido preservar una imagen de independencia. Sin embargo, también le sitúa en una posición especialmente vulnerable frente a las presiones cruzadas de todos los actores implicados.

Y es ahí donde aparece la dimensión política del problema.

En Moncloa existe desde hace tiempo un evidente malestar porque Luzón no se pliega a estrategias de oportunidad política. Mientras determinados sectores de la Fiscalía General del Estado han endurecido posiciones frente a colaboradores o confidentes en causas sensibles, Luzón ha defendido públicamente la aplicación de atenuantes cuando existe una colaboración efectiva con la Justicia. Para el Gobierno, que el fiscal otorgue credibilidad parcial a declaraciones incómodas supone un auténtico incendio político difícil de apagar.

No obstante, el Ejecutivo tampoco dispone de plena libertad de maniobra. El mandato de Luzón se extiende hasta octubre de 2027 y su prestigio técnico dentro de la carrera fiscal es sólido. Cualquier intento de apartarlo o erosionar su posición sería interpretado como un ataque directo a la independencia del Ministerio Fiscal. En determinados círculos políticos se le considera un “verso suelto”, precisamente porque mantiene un criterio propio y técnico incluso bajo presión.

La paradoja resulta evidente: el mismo Gobierno que observa con incomodidad algunas de sus posiciones utiliza sus declaraciones cuando estas resultan políticamente favorables. Así ocurrió cuando determinadas manifestaciones realizadas por Luzón ante el Tribunal Supremo fueron utilizadas públicamente para sostener que el núcleo del Ejecutivo es ajeno casos de corrupción. En ese sentido, es necesario traer a colación las palabras recientes de Bolaños y Elma Saiz en relación al caso mascarillas y las declaraciones de Aldama sonre el número uno de la trama.

Todo ello revela una cuestión de fondo mucho más preocupante: la lucha contra la corrupción en España continúa dependiendo, en demasiadas ocasiones, del sacrificio individual de determinados profesionales más que de una estructura institucional verdaderamente reforzada. Igual que ocurre con la Guardia Civil frente al narcotráfico, el problema no parece ser la falta de voluntad de quienes están en primera línea, sino la insuficiencia de medios con los que se les obliga a combatir.

Y cuando quienes deben perseguir la corrupción o el crimen organizado terminan actuando prácticamente en solitario, la debilidad deja de ser únicamente presupuestaria. Se convierte también en una fragilidad institucional.

PORTADA DEL HERALDO DE ARAGÓN Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Bolaños apunta a un pacto del PP con Aldama y avala que la Fiscal no rebaje la pena
  Aldama entre dos fuegos: la estrategia judicial y la batalla política El "caso mascarillas" en algo más que un proceso penal. Se ha convertido de hecho, en un campo de batalla político, mediático y jurídico donde cada uno va a lo suyo. En medio de ese escenario, el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha elevado el tono insinuando la existencia de una suerte de entendimiento entre el Partido Popular y el empresario Víctor de Aldama. La cuestión es inevitable: ¿estamos realmente ante un “pacto” político o simplemente ante una estrategia procesal propia de cualquier causa penal compleja? El problema de mezclar política y proceso penal Desde el punto de vista político, la posición del Gobierno parece clara: desplazar el foco del debate. Y ello por motivos evidentes a tenor de las declaraciones últimas de Aldama al respecto del número 1 de la supuesta organización criminal. Si el principal investigado, hace tales aseveraciones, y termina apareciendo vinculado estratégicamente a la oposición, todo pasa a la confrontación politica directa. Pero desde una óptica institucional, el asunto es más delicado. Si un ministro de Justicia afirma públicamente la existencia de connivencias entre partes personadas en una causa penal, inevitablemente surge la duda de si pretende situarse por encima del poder jurisdiccional o al menos es autor de una injerencia poco deseable. Esto es así, no porque el Gobierno pueda decidir el resultado del procedimiento —que corresponde exclusivamente a jueces y tribunales— sino porque determinadas declaraciones pueden proyectar una imagen de presión o contaminación política del proceso. Anticipando ya una reacción contra una Sentencia que alguno de los procesados ve incuestionable y dirigida a su condena. Lo importante es desvelar si ha colaborado realmente Aldama Ni el PP ni el Gobierno están en el meollo jurídico. Se trata de determinar si Víctor de Aldama ha prestado una colaboración eficaz a la Justicia. Y aquí es donde aparecen dos versiones claramente contradictorias. Por un lado, Aldama sostiene que ha aportado información relevante sobre estructuras, relaciones y posibles mecanismos irregulares. Por otro, la Fiscalía Anticorrupción considera que buena parte de esa información ya era conocida, carece de corroboración suficiente o no alcanza la relevancia exigida para justificar beneficios penales significativos. Esto no se ha aclarado bien en la información pública. Aqui en sede procesal, no basta con “tirar de la manta” para obtener una reducción de pena. La confesión o colaboración debe aportar un valor añadido real para la investigación: datos nuevos, verificables y útiles para esclarecer hechos o identificar responsabilidades. Dicho de otro modo: hablar no equivale necesariamente a colaborar eficazmente. Si la Fiscalía mantiene peticiones de pena elevadas, ello indicaría que, técnicamente, no aprecia una cooperación de la entidad suficiente como para activar una atenuación especialmente relevante. ¿Qué papel juega realmente el Partido Popular? Aquí conviene ir por partes evitando mezclas incoherentes, porque en el debate político las instituciones distintas no pueden formar parte de un "totum revolutum". El Tribunal El juez o tribunal es quien finalmente valora las pruebas y dicta sentencia. Ni el Gobierno ni la oposición deciden el fallo. La Fiscalía La Fiscalía actúa bajo el principio de unidad de actuación y dependencia jerárquica, aunque sus miembros conservan autonomía técnica en la interpretación jurídica de cada asunto. La acusación popular El Partido Popular está personado como acusación popular, una figura plenamente reconocida por el ordenamiento español. Su eventual interés en respaldar la credibilidad de Aldama no implica necesariamente un “pacto” ilícito, sino una estrategia procesal comprensible: si el principal testigo o colaborador resulta considerado veraz y útil, su relato adquiere mayor fuerza incriminatoria frente a quienes están siendo investigados. Eso forma parte de la lógica ordinaria de cualquier procedimiento penal complejo. La gran duda: ¿puede el Fiscal General intervenir? Aquí aparece una de las cuestiones más sensibles del sistema español: la estructura jerárquica del Ministerio Fiscal. Legalmente, el Fiscal General del Estado puede impartir instrucciones a los fiscales subordinados. Esa potestad existe y forma parte del diseño constitucional y orgánico de la Fiscalía. Sin embargo, cuando surgen discrepancias técnicas importantes, el fiscal afectado puede plantear la cuestión ante la Junta de Fiscales, precisamente para evitar decisiones arbitrarias o políticamente controvertidas. El debate actual gira en torno a una sospecha especialmente incómoda: la posibilidad de que hubiera existido algún entendimiento preliminar sobre la utilidad de la colaboración de Aldama y que posteriormente esa expectativa se hubiera enfriado o corregido. Jurídicamente, una revisión de criterio entra dentro de las facultades de la Fiscalía. Políticamente e institucionalmente, sin embargo, la percepción pública puede resultar mucho más problemática. Porque si la ciudadanía llega a pensar que las decisiones procesales cambian en función de a quién perjudican políticamente, el daño para la confianza en las instituciones puede ser considerable y eso al ministro no parece inquietarla al prestar su aval y quizás quien sabe si su consejo. Conclusión El caso Aldama refleja hasta qué punto, en determinadas causas de alto impacto político, resulta difícil separar el ruido político de la lógica estrictamente jurídica. El Gobierno intenta presentar a Aldama como un instrumento de la oposición. La oposición intenta convertir su versión de los hechos en un elemento de desgaste contra el Ejecutivo. Y la Fiscalía queda atrapada bajo el foco permanente de sospecha sobre su verdadera autonomía. Mientras tanto, el proceso judicial sigue su curso. No hay que olvidar lo esencial: ni las ruedas de prensa ni las declaraciones políticas sustituyen a la prueba. Al final, será la solidez de los indicios, la corroboración de los testimonios y la valoración judicial de las pruebas lo que determine si estamos ante una gran causa de corrupción… o ante otra guerra de guerrillas entre políticos con poco recorrido moral.
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Bolaños apunta a un pacto del PP con Aldama y avala que la Fiscal no rebaje la pena

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Aldama entre dos fuegos: la estrategia judicial y la batalla política

El "caso mascarillas" en algo más que un proceso penal. Se ha convertido de hecho, en un campo de batalla político, mediático y jurídico donde cada uno va a lo suyo.

En medio de ese escenario, el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha elevado el tono insinuando la existencia de una suerte de entendimiento entre el Partido Popular y el empresario Víctor de Aldama.

La cuestión es inevitable: ¿estamos realmente ante un “pacto” político o simplemente ante una estrategia procesal propia de cualquier causa penal compleja?

El problema de mezclar política y proceso penal

Desde el punto de vista político, la posición del Gobierno parece clara: desplazar el foco del debate. Y ello por motivos evidentes a tenor de las declaraciones últimas de Aldama al respecto del número 1 de la supuesta organización criminal.

Si el principal investigado, hace tales aseveraciones, y termina apareciendo vinculado estratégicamente a la oposición, todo pasa a la confrontación politica directa.

Pero desde una óptica institucional, el asunto es más delicado. Si un ministro de Justicia afirma públicamente la existencia de connivencias entre partes personadas en una causa penal, inevitablemente surge la duda de si pretende situarse por encima del poder jurisdiccional o al menos es autor de una injerencia poco deseable.

Esto es así, no porque el Gobierno pueda decidir el resultado del procedimiento —que corresponde exclusivamente a jueces y tribunales— sino porque determinadas declaraciones pueden proyectar una imagen de presión o contaminación política del proceso. Anticipando ya una reacción contra una Sentencia que alguno de los procesados ve incuestionable y dirigida a su condena.

Lo importante es desvelar si ha colaborado realmente Aldama

Ni el PP ni el Gobierno están en el meollo jurídico. Se trata de determinar si Víctor de Aldama ha prestado una colaboración eficaz a la Justicia.

Y aquí es donde aparecen dos versiones claramente contradictorias.

Por un lado, Aldama sostiene que ha aportado información relevante sobre estructuras, relaciones y posibles mecanismos irregulares.

Por otro, la Fiscalía Anticorrupción considera que buena parte de esa información ya era conocida, carece de corroboración suficiente o no alcanza la relevancia exigida para justificar beneficios penales significativos.

Esto no se ha aclarado bien en la información pública.

Aqui en sede procesal, no basta con “tirar de la manta” para obtener una reducción de pena. La confesión o colaboración debe aportar un valor añadido real para la investigación: datos nuevos, verificables y útiles para esclarecer hechos o identificar responsabilidades.

Dicho de otro modo: hablar no equivale necesariamente a colaborar eficazmente.

Si la Fiscalía mantiene peticiones de pena elevadas, ello indicaría que, técnicamente, no aprecia una cooperación de la entidad suficiente como para activar una atenuación especialmente relevante.

¿Qué papel juega realmente el Partido Popular?

Aquí conviene ir por partes evitando mezclas incoherentes, porque en el debate político las instituciones distintas no pueden formar parte de un "totum revolutum".

El Tribunal

El juez o tribunal es quien finalmente valora las pruebas y dicta sentencia. Ni el Gobierno ni la oposición deciden el fallo.

La Fiscalía

La Fiscalía actúa bajo el principio de unidad de actuación y dependencia jerárquica, aunque sus miembros conservan autonomía técnica en la interpretación jurídica de cada asunto.

La acusación popular

El Partido Popular está personado como acusación popular, una figura plenamente reconocida por el ordenamiento español.

Su eventual interés en respaldar la credibilidad de Aldama no implica necesariamente un “pacto” ilícito, sino una estrategia procesal comprensible: si el principal testigo o colaborador resulta considerado veraz y útil, su relato adquiere mayor fuerza incriminatoria frente a quienes están siendo investigados.

Eso forma parte de la lógica ordinaria de cualquier procedimiento penal complejo.

La gran duda: ¿puede el Fiscal General intervenir?

Aquí aparece una de las cuestiones más sensibles del sistema español: la estructura jerárquica del Ministerio Fiscal.

Legalmente, el Fiscal General del Estado puede impartir instrucciones a los fiscales subordinados. Esa potestad existe y forma parte del diseño constitucional y orgánico de la Fiscalía.

Sin embargo, cuando surgen discrepancias técnicas importantes, el fiscal afectado puede plantear la cuestión ante la Junta de Fiscales, precisamente para evitar decisiones arbitrarias o políticamente controvertidas.

El debate actual gira en torno a una sospecha especialmente incómoda: la posibilidad de que hubiera existido algún entendimiento preliminar sobre la utilidad de la colaboración de Aldama y que posteriormente esa expectativa se hubiera enfriado o corregido.

Jurídicamente, una revisión de criterio entra dentro de las facultades de la Fiscalía.

Políticamente e institucionalmente, sin embargo, la percepción pública puede resultar mucho más problemática. Porque si la ciudadanía llega a pensar que las decisiones procesales cambian en función de a quién perjudican políticamente, el daño para la confianza en las instituciones puede ser considerable y eso al ministro no parece inquietarla al prestar su aval y quizás quien sabe si su consejo.

Conclusión

El caso Aldama refleja hasta qué punto, en determinadas causas de alto impacto político, resulta difícil separar el ruido político de la lógica estrictamente jurídica.

El Gobierno intenta presentar a Aldama como un instrumento de la oposición. La oposición intenta convertir su versión de los hechos en un elemento de desgaste contra el Ejecutivo. Y la Fiscalía queda atrapada bajo el foco permanente de sospecha sobre su verdadera autonomía.

Mientras tanto, el proceso judicial sigue su curso.

No hay que olvidar lo esencial: ni las ruedas de prensa ni las declaraciones políticas sustituyen a la prueba. Al final, será la solidez de los indicios, la corroboración de los testimonios y la valoración judicial de las pruebas lo que determine si estamos ante una gran causa de corrupción… o ante otra guerra de guerrillas entre políticos con poco recorrido moral.

PORTADA DE EL PERIÓDICO Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Estados Unidos baraja un gran golpe final en Irán si fracasan las negociaciones
El conflicto actual se desencadenó el pasado 28 de febrero, tras un ataque coordinado entre Israel y Estados Unidos contra objetivos estratégicos en Irán, centrados en instalaciones militares, bases de lanzamiento de misiles e infraestructura gubernamental clave. La respuesta de Teherán fue inmediata, ejecutando ataques directos contra Israel y bases estadounidenses en el Golfo, además de ejercer presión sobre las rutas energéticas globales. Tras cinco semanas sin perspectivas de alto el fuego, el balance humano en Irán supera los 1.900 fallecidos y 20.000 heridos, sumado a una degradación significativa de sus capacidades militares y energéticas. Aunque el enfrentamiento mantiene una apariencia bilateral, Irán proyecta su poder a través de su "Eje de Resistencia": Hizbulá (Líbano), los hutíes (Yemen) y diversas milicias chiíes en Irak. La regionalización total del conflicto —más allá del impacto económico global ya existente— dependerá de un cambio de postura en actores clave como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán, Jordania, Irak y Turquía. En esencia, la contienda se disputa en tres frentes: el control del programa nuclear iraní, la seguridad de los flujos energéticos en el Golfo y, en última instancia, la hegemonía regional. Mientras Irán utiliza a sus aliados externos para equilibrar la balanza, Israel impone su superioridad tecnológica y militar. Escenarios posibles Escenario más probable: Continuidad de los ataques intermitentes y selectivos. Se evita una invasión terrestre a gran escala mientras se mantienen canales de negociación indirecta. Escenario de riesgo (menos probable): Involucración total de Hizbulá, intervención de Arabia Saudí y bloqueo del Estrecho de Ormuz. Esto supondría una regionalización inmediata con consecuencias críticas para la seguridad y la economía mundial. Escenario optimista (muy improbable): Un acuerdo rápido de alto el fuego condicionado a que Irán ofrezca garantías verificables de abandono de su plan nuclear y renuncie al control estratégico del Golfo. Conclusión: La resolución o escalada del conflicto reside, fundamentalmente, en la gestión de los actores intermedios y su capacidad para contener o expandir el radio de las hostilidades.
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Estados Unidos baraja un gran golpe final en Irán si fracasan las negociaciones

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El conflicto actual se desencadenó el pasado 28 de febrero, tras un ataque coordinado entre Israel y Estados Unidos contra objetivos estratégicos en Irán, centrados en instalaciones militares, bases de lanzamiento de misiles e infraestructura gubernamental clave. La respuesta de Teherán fue inmediata, ejecutando ataques directos contra Israel y bases estadounidenses en el Golfo, además de ejercer presión sobre las rutas energéticas globales. Tras cinco semanas sin perspectivas de alto el fuego, el balance humano en Irán supera los 1.900 fallecidos y 20.000 heridos, sumado a una degradación significativa de sus capacidades militares y energéticas.

Aunque el enfrentamiento mantiene una apariencia bilateral, Irán proyecta su poder a través de su "Eje de Resistencia": Hizbulá (Líbano), los hutíes (Yemen) y diversas milicias chiíes en Irak. La regionalización total del conflicto —más allá del impacto económico global ya existente— dependerá de un cambio de postura en actores clave como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán, Jordania, Irak y Turquía.

En esencia, la contienda se disputa en tres frentes: el control del programa nuclear iraní, la seguridad de los flujos energéticos en el Golfo y, en última instancia, la hegemonía regional. Mientras Irán utiliza a sus aliados externos para equilibrar la balanza, Israel impone su superioridad tecnológica y militar.

Escenarios posibles

  • Escenario más probable: Continuidad de los ataques intermitentes y selectivos. Se evita una invasión terrestre a gran escala mientras se mantienen canales de negociación indirecta.

  • Escenario de riesgo (menos probable): Involucración total de Hizbulá, intervención de Arabia Saudí y bloqueo del Estrecho de Ormuz. Esto supondría una regionalización inmediata con consecuencias críticas para la seguridad y la economía mundial.

  • Escenario optimista (muy improbable): Un acuerdo rápido de alto el fuego condicionado a que Irán ofrezca garantías verificables de abandono de su plan nuclear y renuncie al control estratégico del Golfo.

Conclusión: La resolución o escalada del conflicto reside, fundamentalmente, en la gestión de los actores intermedios y su capacidad para contener o expandir el radio de las hostilidades.

PORTADA DE EL CORREO Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Canarias acogerá el barco con Hantavirus
El MV Hondius pone rumbo a Canarias en medio de la preocupación sanitaria El buque de expedición MV Hondius, procedente de la Patagonia y con varios casos de hantavirus detectados a bordo, se dirige al archipiélago canario tras la negativa de otros puertos africanos a autorizar su atraque. La decisión ha sido coordinada entre el Ministerio de Sanidad y organismos internacionales, generando inquietud en Canarias por las implicaciones sanitarias y logísticas de la operación. El Ejecutivo autonómico ha mostrado públicamente su malestar por la falta de participación directa en la toma de decisiones. Según ha manifestado el presidente canario, Fernando Clavijo, las islas no pueden asumir situaciones de emergencia sanitaria internacional sin garantías suficientes ni refuerzos extraordinarios. Dudas sobre la capacidad de aislamiento Uno de los principales focos de preocupación es la capacidad real de aislamiento biológico de alto nivel disponible en Canarias. Aunque el sistema sanitario autonómico dispone de unidades especializadas en enfermedades infecciosas, distintos profesionales han advertido de que la infraestructura para patologías de elevada complejidad biológica es limitada. Las críticas se centran especialmente en la posibilidad de que un aumento de casos graves obligue a improvisar espacios asistenciales o a organizar traslados urgentes a centros hospitalarios peninsulares. El protocolo previsto por Sanidad Desde el Ministerio de Sanidad se insiste en que la operación se desarrollará bajo estrictas medidas de control sanitario. Entre las actuaciones previstas figuran: Evaluación médica de los pasajeros y tripulación a bordo. Limitación del desembarco a situaciones estrictamente necesarias. Traslado inmediato de pasajeros hacia sus países de origen. Aplicación de protocolos de aislamiento para posibles casos graves. Según diversas informaciones, uno de los pacientes que requiere vigilancia médica más estrecha sería el propio médico británico del barco. ¿Existe riesgo para la población? El hantavirus se transmite principalmente por contacto con fluidos o excrementos de roedores infectados. La transmisión entre personas se considera poco frecuente, aunque algunos brotes concretos han obligado a extremar la vigilancia epidemiológica. Precisamente por ello, el debate no gira únicamente en torno al riesgo sanitario directo, sino también sobre la capacidad de respuesta ante un escenario excepcional y sobre el impacto que una operación de este tipo puede tener en un territorio fuertemente dependiente del turismo internacional. La llegada del MV Hondius vuelve a abrir el debate sobre el papel de Canarias como enclave estratégico ante emergencias internacionales y sobre si el archipiélago dispone realmente de los medios adecuados para afrontarlas con plenas garantías.
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Canarias acogerá el barco con Hantavirus

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El MV Hondius pone rumbo a Canarias en medio de la preocupación sanitaria

El buque de expedición MV Hondius, procedente de la Patagonia y con varios casos de hantavirus detectados a bordo, se dirige al archipiélago canario tras la negativa de otros puertos africanos a autorizar su atraque. La decisión ha sido coordinada entre el Ministerio de Sanidad y organismos internacionales, generando inquietud en Canarias por las implicaciones sanitarias y logísticas de la operación.

El Ejecutivo autonómico ha mostrado públicamente su malestar por la falta de participación directa en la toma de decisiones. Según ha manifestado el presidente canario, Fernando Clavijo, las islas no pueden asumir situaciones de emergencia sanitaria internacional sin garantías suficientes ni refuerzos extraordinarios.

Dudas sobre la capacidad de aislamiento

Uno de los principales focos de preocupación es la capacidad real de aislamiento biológico de alto nivel disponible en Canarias. Aunque el sistema sanitario autonómico dispone de unidades especializadas en enfermedades infecciosas, distintos profesionales han advertido de que la infraestructura para patologías de elevada complejidad biológica es limitada.

Las críticas se centran especialmente en la posibilidad de que un aumento de casos graves obligue a improvisar espacios asistenciales o a organizar traslados urgentes a centros hospitalarios peninsulares.

El protocolo previsto por Sanidad

Desde el Ministerio de Sanidad se insiste en que la operación se desarrollará bajo estrictas medidas de control sanitario. Entre las actuaciones previstas figuran:

  • Evaluación médica de los pasajeros y tripulación a bordo.
  • Limitación del desembarco a situaciones estrictamente necesarias.
  • Traslado inmediato de pasajeros hacia sus países de origen.
  • Aplicación de protocolos de aislamiento para posibles casos graves.

Según diversas informaciones, uno de los pacientes que requiere vigilancia médica más estrecha sería el propio médico británico del barco.

¿Existe riesgo para la población?

El hantavirus se transmite principalmente por contacto con fluidos o excrementos de roedores infectados. La transmisión entre personas se considera poco frecuente, aunque algunos brotes concretos han obligado a extremar la vigilancia epidemiológica.

Precisamente por ello, el debate no gira únicamente en torno al riesgo sanitario directo, sino también sobre la capacidad de respuesta ante un escenario excepcional y sobre el impacto que una operación de este tipo puede tener en un territorio fuertemente dependiente del turismo internacional.

La llegada del MV Hondius vuelve a abrir el debate sobre el papel de Canarias como enclave estratégico ante emergencias internacionales y sobre si el archipiélago dispone realmente de los medios adecuados para afrontarlas con plenas garantías.

PORTADA DEL PAÍS Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Guerra, avaricia y tecnofascismo, la IA se quita la careta
IA sin careta: guerra, concentración y control  El titular surge como un intento deliberado de describir críticamente el estado actual de la industria tecnológica en 2026. Más que un diagnóstico coyuntural, pretende señalar una transformación estructural que afecta simultáneamente a la seguridad internacional, la economía global y el funcionamiento de los sistemas políticos. Tres ideas fundamentales se utilizan en el artículo: a) Guerra y complejo militar-tecnológico: la IA como infraestructura estratégica La inteligencia artificial ha dejado de ser exclusivamente una herramienta de productividad civil para convertirse en un componente esencial de la arquitectura militar contemporánea. En conflictos recientes, como los desarrollados en Oriente Medio y Europa Oriental, se han empleado sistemas algorítmicos de apoyo a la identificación y priorización de objetivos militares. Estos sistemas no sustituyen completamente la decisión humana, pero reducen el tiempo de análisis y aumentan la velocidad operativa, alterando profundamente la lógica tradicional del combate. Este fenómeno marca una transición relevante: la inteligencia artificial deja de ser una ventaja tecnológica opcional y pasa a considerarse una necesidad estratégica nacional. Como consecuencia, el gasto en defensa vinculado a tecnologías digitales se incrementa de forma sostenida, mientras los debates éticos quedan frecuentemente subordinados a consideraciones de seguridad y competitividad. Nos encontramos ante una reedición contemporánea del complejo militar-industrial, ahora ampliado hacia un complejo militar-tecnológico en el que el dominio algorítmico adquiere un valor estratégico comparable al control del territorio. b) Concentración económica marginación del modelo de código abierto El segundo eje del análisis apunta hacia la creciente concentración de recursos en torno a un número limitado de grandes empresas tecnológicas. El desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial exige cantidades extraordinarias de energía, agua para refrigeración y capacidad computacional basada en chips altamente especializados. Este requisito técnico crea una barrera de entrada difícilmente superable por actores pequeños o independientes. No se trata del fin del código abierto en sentido estricto, sino del riesgo de que el modelo abierto quede progresivamente relegado frente a infraestructuras propietarias cuya escala económica resulta inaccesible para la mayoría de los desarrolladores. A ello se suma una controversia creciente sobre el uso de grandes volúmenes de contenido generado por terceros —incluido trabajo intelectual humano— para entrenar modelos que posteriormente se comercializan como productos cerrados. Esta dinámica alimenta un debate jurídico y ético sobre propiedad intelectual, compensación y legitimidad del aprovechamiento de datos. El resultado previsible es una concentración sin precedentes de poder económico en torno a quienes controlan la infraestructura material de la inteligencia artificial. c) El gobierno del algoritmo y la tecnocracia dictatorial El tercer eje aborda la dimensión política. La expansión de sistemas de vigilancia predictiva y análisis masivo de datos introduce una nueva forma de gestión del poder público basada en la anticipación estadística del comportamiento social. Cuando decisiones relevantes —desde asignación de recursos hasta evaluación de riesgos sociales— se apoyan en algoritmos ocultos, fríos y opacos, perdemos progresivamente la capacidad de comprender, cuestionar o recurrir las decisiones que nos afectan. Este teatro no implica necesariamente una deriva totalitaria inmediata, pero sí abre la puerta a formas de gobernanza tecnocrática caracterizadas por la reducción de la transparencia y la debilitación de los mecanismos tradicionales de responsabilidad política. El riesgo no reside únicamente en la vigilancia, sino en la opacidad decisional y la anonimización. ¿La infraestructura desenmascarada? La metáfora de “quitarse la careta” simboliza el tránsito desde la imagen amable de la inteligencia artificial como herramienta de asistencia cotidiana hacia su realidad material como infraestructura estratégica. Centros de datos de escala continental, redes energéticas dedicadas y cadenas de suministro críticas convierten la inteligencia artificial en una tecnología que ya no pertenece únicamente al ámbito digital, sino al territorio físico y a la política internacional. El verdadero núcleo del debate no es tecnológico, sino geopolítico. La inteligencia artificial se perfila como un instrumento capaz de concentrar poder económico, militar y político en magnitudes inéditas. En ese contexto, la cuestión fundamental no es si la inteligencia artificial transformará la sociedad —algo ya evidente—, sino quién controlará la infraestructura que la hace posible.
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Guerra, avaricia y tecnofascismo, la IA se quita la careta

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IA sin careta: guerra, concentración y control 

El titular surge como un intento deliberado de describir críticamente el estado actual de la industria tecnológica en 2026. Más que un diagnóstico coyuntural, pretende señalar una transformación estructural que afecta simultáneamente a la seguridad internacional, la economía global y el funcionamiento de los sistemas políticos.

Tres ideas fundamentales se utilizan en el artículo:

a) Guerra y complejo militar-tecnológico: la IA como infraestructura estratégica

La inteligencia artificial ha dejado de ser exclusivamente una herramienta de productividad civil para convertirse en un componente esencial de la arquitectura militar contemporánea.

En conflictos recientes, como los desarrollados en Oriente Medio y Europa Oriental, se han empleado sistemas algorítmicos de apoyo a la identificación y priorización de objetivos militares. Estos sistemas no sustituyen completamente la decisión humana, pero reducen el tiempo de análisis y aumentan la velocidad operativa, alterando profundamente la lógica tradicional del combate.

Este fenómeno marca una transición relevante: la inteligencia artificial deja de ser una ventaja tecnológica opcional y pasa a considerarse una necesidad estratégica nacional. Como consecuencia, el gasto en defensa vinculado a tecnologías digitales se incrementa de forma sostenida, mientras los debates éticos quedan frecuentemente subordinados a consideraciones de seguridad y competitividad.

Nos encontramos ante una reedición contemporánea del complejo militar-industrial, ahora ampliado hacia un complejo militar-tecnológico en el que el dominio algorítmico adquiere un valor estratégico comparable al control del territorio.

b) Concentración económica marginación del modelo de código abierto

El segundo eje del análisis apunta hacia la creciente concentración de recursos en torno a un número limitado de grandes empresas tecnológicas.

El desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial exige cantidades extraordinarias de energía, agua para refrigeración y capacidad computacional basada en chips altamente especializados. Este requisito técnico crea una barrera de entrada difícilmente superable por actores pequeños o independientes.

No se trata del fin del código abierto en sentido estricto, sino del riesgo de que el modelo abierto quede progresivamente relegado frente a infraestructuras propietarias cuya escala económica resulta inaccesible para la mayoría de los desarrolladores.

A ello se suma una controversia creciente sobre el uso de grandes volúmenes de contenido generado por terceros —incluido trabajo intelectual humano— para entrenar modelos que posteriormente se comercializan como productos cerrados. Esta dinámica alimenta un debate jurídico y ético sobre propiedad intelectual, compensación y legitimidad del aprovechamiento de datos.

El resultado previsible es una concentración sin precedentes de poder económico en torno a quienes controlan la infraestructura material de la inteligencia artificial.

c) El gobierno del algoritmo y la tecnocracia dictatorial

El tercer eje aborda la dimensión política.

La expansión de sistemas de vigilancia predictiva y análisis masivo de datos introduce una nueva forma de gestión del poder público basada en la anticipación estadística del comportamiento social.

Cuando decisiones relevantes —desde asignación de recursos hasta evaluación de riesgos sociales— se apoyan en algoritmos ocultos, fríos y opacos, perdemos progresivamente la capacidad de comprender, cuestionar o recurrir las decisiones que nos afectan.

Este teatro no implica necesariamente una deriva totalitaria inmediata, pero sí abre la puerta a formas de gobernanza tecnocrática caracterizadas por la reducción de la transparencia y la debilitación de los mecanismos tradicionales de responsabilidad política.

El riesgo no reside únicamente en la vigilancia, sino en la opacidad decisional y la anonimización.

¿La infraestructura desenmascarada?

La metáfora de “quitarse la careta” simboliza el tránsito desde la imagen amable de la inteligencia artificial como herramienta de asistencia cotidiana hacia su realidad material como infraestructura estratégica.

Centros de datos de escala continental, redes energéticas dedicadas y cadenas de suministro críticas convierten la inteligencia artificial en una tecnología que ya no pertenece únicamente al ámbito digital, sino al territorio físico y a la política internacional.

El verdadero núcleo del debate no es tecnológico, sino geopolítico.

La inteligencia artificial se perfila como un instrumento capaz de concentrar poder económico, militar y político en magnitudes inéditas. En ese contexto, la cuestión fundamental no es si la inteligencia artificial transformará la sociedad —algo ya evidente—, sino quién controlará la infraestructura que la hace posible.

PORTADA DE LA VANGUARDIA Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Una alicantina primer caso sospechoso del Hantavirus del Hondius en España
El término Hantavirus hace referencia a una familia de virus que se transmiten desde animales vertebrados a los humanos (virus zoonóticos). Pueden producir tanto cuadros hemorrágicos renales como episodios pulmonares extremadamente graves. Son virus que contienen ARN de una sola cadena negativo. Esto significa que van acompañados de una enzima (RNA polimerasa) que antes de la duplicación, se encarga de la transcripción al modelo replicable de ARN mensajero (positivo).  El genoma viene envuelto en una capa lipídica. Se encuentra principalmente en roedores silvestres. Esto significa que tiene una capacidad de mutación elevado y una adaptación rápida, con posibilidad de asociaciones entre cepas diferentes. En general este tipo de virus son difícilmente trasmitidos entre humanos. Se transmiten más bien, a través de aerosoles o contacto directo con saliva, heces u orina de los roedores. Sin embargo se ha reportado y estudiado una cepa denominada Andes Hantavirus en Chile y Argentina que es capaz de trasmitirse entre humanos. Aún así la cepas estudiadas no han mostrado una capacidad de transmisión aérea como el SARS-COV-2 o una nivel de contagio extremo como el sarampión. La mortalidad exhibida puede llegar al 50 % siendo más letal que la mayor parte de las infecciones respiratorias y en cuanto al sindrome hemorrágico renal, llega hasta el 15 %. Dado que depende principalmente del reservorio animal, que los brotes suelen ser locales y la necesidad de una exposición intensa para la propagación, no parece que pudieran conllevar un riesgo elevado de pandemia. Sin embargo la variante transmisible entre humanos, puede sufrir mutaciones adaptativas elevando ese riesgo.  No existe un tratamiento directo antiviral y la inmunidad adquirida puede verse reducida por el cruce de cepas. Actualmente no existen vacunas aprobadas de uso general aunque una eventual propagación masiva del virus aceleraría la preparación. Cuestión de inversión/riesgo económico. En conclusión y a día de hoy: No existe evidencia reportada de una mutación del Andes virus que pudiera dar lugar a pandemia. Hay inquietud científica porque es el único hantavirus con transmisión humana demostrada. El brote actual merece vigilancia estrecha. Por el momento no existe un comportamiento tipo SARS-CoV-2. Por lo tanto, es fácil que evolucione a cadenas limitadas, contactos estrechos, brotes focales controlables, alta gravedad pero baja transmisibilidad global.  
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Una alicantina primer caso sospechoso del Hantavirus del Hondius en España

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El término Hantavirus hace referencia a una familia de virus que se transmiten desde animales vertebrados a los humanos (virus zoonóticos). Pueden producir tanto cuadros hemorrágicos renales como episodios pulmonares extremadamente graves. Son virus que contienen ARN de una sola cadena negativo. Esto significa que van acompañados de una enzima (RNA polimerasa) que antes de la duplicación, se encarga de la transcripción al modelo replicable de ARN mensajero (positivo).  El genoma viene envuelto en una capa lipídica.

Se encuentra principalmente en roedores silvestres. Esto significa que tiene una capacidad de mutación elevado y una adaptación rápida, con posibilidad de asociaciones entre cepas diferentes. En general este tipo de virus son difícilmente trasmitidos entre humanos. Se transmiten más bien, a través de aerosoles o contacto directo con saliva, heces u orina de los roedores. Sin embargo se ha reportado y estudiado una cepa denominada Andes Hantavirus en Chile y Argentina que es capaz de trasmitirse entre humanos. Aún así la cepas estudiadas no han mostrado una capacidad de transmisión aérea como el SARS-COV-2 o una nivel de contagio extremo como el sarampión.

La mortalidad exhibida puede llegar al 50 % siendo más letal que la mayor parte de las infecciones respiratorias y en cuanto al sindrome hemorrágico renal, llega hasta el 15 %.

Dado que depende principalmente del reservorio animal, que los brotes suelen ser locales y la necesidad de una exposición intensa para la propagación, no parece que pudieran conllevar un riesgo elevado de pandemia. Sin embargo la variante transmisible entre humanos, puede sufrir mutaciones adaptativas elevando ese riesgo. 

No existe un tratamiento directo antiviral y la inmunidad adquirida puede verse reducida por el cruce de cepas. Actualmente no existen vacunas aprobadas de uso general aunque una eventual propagación masiva del virus aceleraría la preparación. Cuestión de inversión/riesgo económico.

En conclusión y a día de hoy:

  • No existe evidencia reportada de una mutación del Andes virus que pudiera dar lugar a pandemia.
  • Hay inquietud científica porque es el único hantavirus con transmisión humana demostrada.
  • El brote actual merece vigilancia estrecha.
  • Por el momento no existe un comportamiento tipo SARS-CoV-2.

Por lo tanto, es fácil que evolucione a cadenas limitadas, contactos estrechos, brotes focales controlables, alta gravedad pero baja transmisibilidad global.

 

PORTADA DE HOY Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
EE.UU. e Irán negocian ya la segunda ronda de negociaciones sobre la paz
Negociaciones sobre paz y el riesgo en el Líbano Existe riesgo potencial de guerra civil en el Líbano, pero no es inevitable. Su materialización depende de dos factores esenciales: el equlibrio de las fuerzas internas y de la presión bélica externa. La parte positiva es el recuerdo del antecedente bélico previo, que explica por qué los actortes actuales no están por la labor de que se repita una nueva Guerra Civil. Factores que aumentan el riesgo Cualquier intento de desarmar el ejército de Hezbolá por la fuerza. Enfrentamiento entre comunidades religiosas: si una comunidad impone una decision a favor de una guerra, puede surgir un enfrentamiento interno de alto riesgo. El apoyo de Irán a Hezbolá y la confrontación con Israel convierten al territorio libanés en un escenario de presión regional. La persistencia prolongada del conflicto con Israel. El deterioro económico del país que reduce la capacidad del Estado para sostener servicios básicos y aumenta la conflictividad social. Factores que reducen el riesgo La experiencia de la Guerra Civil Libanesa anterior tiene un alto nivel disuasivo para evitar una nueva guerra interna. Ninguno de los dos actores políticos poseen fuerza suficiente para imponerse sin sufrir graves consecuencias. La intervención de algunos Estados occidentales. Posibilidades a corto y medio plazo 1 — Tensión controlada (más probable) Continuación de incidentes y ataques limitados. Mantenimiento del equilibrio interno. Alto nivel de inestabilidad, pero sin guerra civil abierta. 2 — Escalada regional con impacto interno (riesgo intermedio) Intensificación del conflicto con Israel. Desplazamientos internos de población. Posibles enfrentamientos localizados entre facciones. 3 — Guerra civil abierta (menos probable, pero posible)Requeriría una combinación de factores extremos, como: Intento de desarme interno por la fuerza. Ruptura del sistema político confesional. Colapso total del Estado.   Conclusión Existe un riesgo real pero contenido de guerra civil en Líbano. Existe un equilibrio frágil entre facciones y con tesiones externas.El desenlace dependerá menos de decisiones aisladas del gobierno libanés y más de la interacción entre factores internos, presiones externas y evolución del conflicto en su entorno geopolítico inmediato.
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EE.UU. e Irán negocian ya la segunda ronda de negociaciones sobre la paz

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Negociaciones sobre paz y el riesgo en el Líbano

Existe riesgo potencial de guerra civil en el Líbano, pero no es inevitable. Su materialización depende de dos factores esenciales: el equlibrio de las fuerzas internas y de la presión bélica externa. La parte positiva es el recuerdo del antecedente bélico previo, que explica por qué los actortes actuales no están por la labor de que se repita una nueva Guerra Civil.

Factores que aumentan el riesgo

  • Cualquier intento de desarmar el ejército de Hezbolá por la fuerza.
  • Enfrentamiento entre comunidades religiosas: si una comunidad impone una decision a favor de una guerra, puede surgir un enfrentamiento interno de alto riesgo.
  • El apoyo de Irán a Hezbolá y la confrontación con Israel convierten al territorio libanés en un escenario de presión regional.
  • La persistencia prolongada del conflicto con Israel.
  • El deterioro económico del país que reduce la capacidad del Estado para sostener servicios básicos y aumenta la conflictividad social.

Factores que reducen el riesgo

La experiencia de la Guerra Civil Libanesa anterior tiene un alto nivel disuasivo para evitar una nueva guerra interna.

Ninguno de los dos actores políticos poseen fuerza suficiente para imponerse sin sufrir graves consecuencias.

La intervención de algunos Estados occidentales.

Posibilidades a corto y medio plazo

1 — Tensión controlada (más probable)

  • Continuación de incidentes y ataques limitados.
  • Mantenimiento del equilibrio interno.
  • Alto nivel de inestabilidad, pero sin guerra civil abierta.

2 — Escalada regional con impacto interno (riesgo intermedio)

  • Intensificación del conflicto con Israel.
  • Desplazamientos internos de población.
  • Posibles enfrentamientos localizados entre facciones.

3 — Guerra civil abierta (menos probable, pero posible)
Requeriría una combinación de factores extremos, como:

  • Intento de desarme interno por la fuerza.
  • Ruptura del sistema político confesional.
  • Colapso total del Estado.

 

Conclusión

Existe un riesgo real pero contenido de guerra civil en Líbano. Existe un equilibrio frágil entre facciones y con tesiones externas.El desenlace dependerá menos de decisiones aisladas del gobierno libanés y más de la interacción entre factores internos, presiones externas y evolución del conflicto en su entorno geopolítico inmediato.

PORTADA DE LA VOZ DE GALICIA Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Irán bloquea Ormuz con minas y estrangula el tránsito del petróleo
El factor del "Farol" y la Realidad El Estrecho de Ormuz es el mejor aliado de Irán. Impedir la navegación es como cerrar con llave la despensa del mundo. Solo con insinuar que van a minarlo, las bolsas cambian al rojo. Sin que estalle una sola mina, el precio del barril llega a las nubes; sólo con la subida de las primas de seguro de los barcos se encarecen los costes. Eso es inflación instantánea y global. 2. ¿Hay Plan B?  Mucha gente se pregunta: "¿Y no pueden dar la vuelta por otro lado?". La respuesta  es no. Porque mover esa cantidad de petróleo por tierra o por oleoductos no es aceptable por caro y lento. Ormuz es un embudo de tan solo 33 kilómetros en su punto más estrecho; fácil de bloquear y no hay "atajo" posible para trasladar ese  20-30%  del crudo necesario en el mundo. (Dicho sea con permiso de los ecologistas creyentes al estilo ayatolá). 3. El papel de los "actores secundarios" No es posible olvidar a otros actores, China por ejemplo. China, compra el 80 % del petróleo que pasa por Ormuz. Si Irán cierra el paso, también fastidia a su mejor cliente. Esto convierte el conflicto en algo demasiado enrevesado y de difícil pronóstico. Lo que está claro es que los ciudadanos verán aumentar sus gastos en todo el mundo. En resumen: Es absurdo hablar de hostilidad o defensa, como falazmente se usa por al gunos gobiernos para esconder la cabeza: hay algo cristalino y claro para cualquiera, y es que Ormuz es lo que nos da la medidad de la estabilidad mundial. Si en Ormuz se siembran minas (sube la fiebre), el resto del mundo empieza a estornudar.
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Irán bloquea Ormuz con minas y estrangula el tránsito del petróleo

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El factor del "Farol" y la Realidad

El Estrecho de Ormuz es el mejor aliado de Irán. Impedir la navegación es como cerrar con llave la despensa del mundo. Solo con insinuar que van a minarlo, las bolsas cambian al rojo. Sin que estalle una sola mina, el precio del barril llega a las nubes; sólo con la subida de las primas de seguro de los barcos se encarecen los costes. Eso es inflación instantánea y global.

2. ¿Hay Plan B? 

Mucha gente se pregunta: "¿Y no pueden dar la vuelta por otro lado?". La respuesta  es no. Porque mover esa cantidad de petróleo por tierra o por oleoductos no es aceptable por caro y lento. Ormuz es un embudo de tan solo 33 kilómetros en su punto más estrecho; fácil de bloquear y no hay "atajo" posible para trasladar ese  20-30%  del crudo necesario en el mundo. (Dicho sea con permiso de los ecologistas creyentes al estilo ayatolá).

3. El papel de los "actores secundarios"

No es posible olvidar a otros actores, China por ejemplo. China, compra el 80 % del petróleo que pasa por Ormuz. Si Irán cierra el paso, también fastidia a su mejor cliente. Esto convierte el conflicto en algo demasiado enrevesado y de difícil pronóstico. Lo que está claro es que los ciudadanos verán aumentar sus gastos en todo el mundo.


En resumen: Es absurdo hablar de hostilidad o defensa, como falazmente se usa por al gunos gobiernos para esconder la cabeza: hay algo cristalino y claro para cualquiera, y es que Ormuz es lo que nos da la medidad de la estabilidad mundial. Si en Ormuz se siembran minas (sube la fiebre), el resto del mundo empieza a estornudar.

PORTADA DE EL DIARIO DE SEVILLA Jueves, 14 de mayo de 2026
Análisis
Peinado procesa a Begoña Gómez
¿Qué está pasando realmente en el juzgado? En muchos titulares de estos días se afirma que el juez ha procesado a Begoña Gómez. Sin embargo, en Derecho Penal las palabras no son intercambiables y cada fase del procedimiento tiene un significado preciso. Comprender qué ha ocurrido realmente exige explicar, paso a paso, cómo funciona un procedimiento penal. La instrucción no es el juicio La fase de instrucción es una etapa de investigación. Su finalidad no es declarar culpable a nadie, sino averiguar si existen indicios suficientes de delito. Puede compararse con el trabajo de un investigador que reúne piezas para comprobar si el puzzle tiene sentido. Durante esta fase: Se practican diligencias (declaraciones, informes periciales, aportación de documentos). Se valora si existen indicios racionales de delito. La presunción de inocencia permanece intacta. El juez instructor no juzga ni condena. Solo decide si el asunto debe continuar o archivarse. El llamado "Auto de Transformación" Lo que se ha dictado en este caso es, técnicamente, un Auto de Transformación del Procedimiento Abreviado. Este auto significa: Que el juez considera concluida la investigación. Que existen indicios suficientes para continuar el procedimiento. Que corresponde ahora a las partes decidir si formulan acusación. No equivale a condena, ni siquiera a juicio. Es simplemente el final de la fase de investigación. Podría explicarse gráficamente así: Semáforo verde: archivo (no hay indicios). Semáforo ámbar: auto de transformación (hay indicios y se continúa). Semáforo rojo: juicio (decisión final). El juez no acusa: lo hacen las acusaciones Tras el auto de transformación, el juez remite las actuaciones al Ministerio Fiscal y, en su caso, a las acusaciones personadas. Estas partes deben decidir entre: Solicitar el archivo, si consideran que no hay base suficiente. Presentar escrito de acusación, si entienden que procede continuar. Sin un escrito formal de acusación, no puede abrirse juicio. Este punto es esencial y frecuentemente mal explicado en los medios. El siguiente paso: archivo o apertura de juicio oral Una vez presentados los escritos de las partes, el juez debe adoptar una de estas decisiones: Auto de sobreseimiento (archivo)Si no existen acusaciones o si estas no se sostienen jurídicamente. Auto de apertura de juicio oralSi existe acusación formal. En caso de apertura del juicio oral, el asunto se remite al órgano competente para juzgar —en este caso la Audiencia Provincial—. La intervención de jurado popular dependerá exclusivamente del tipo concreto de delito imputado. La realidad procesal frente a la percepción pública La confusión habitual surge cuando se utilizan términos jurídicos con significados imprecisos o simplificados. Decir que alguien ha sido “procesado” o “acusado” cuando solo se ha dictado un auto de transformación puede generar una percepción errónea de la situación real. En este momento procesal: No hay condena. No hay juicio abierto todavía. No existe responsabilidad penal declarada. Solo existe una investigación terminada y pendiente de que las partes decidan si acusan. Sobre los comentarios políticos y la independencia judicial Las manifestaciones públicas de responsables políticos sobre decisiones judiciales deben analizarse desde la perspectiva de la prudencia institucional. Ello no obsta para afirmar que: La independencia judicial exige respeto a las resoluciones judiciales, aunque puedan ser criticadas jurídicamente. La crítica política es legítima dentro de los límites del respeto institucional. Las eventuales responsabilidades políticas —si existieran— son distintas y separadas de cualquier responsabilidad penal. A día de hoy, cualquier valoración sobre responsabilidades penales futuras sería prematura sin la existencia de acusación formal y sin juicio. Conclusión Lo ocurrido no es una condena ni un juicio. Es, simplemente, el cierre de una investigación y el inicio de una nueva fase procesal. Comprender esta diferencia es fundamental para interpretar correctamente los titulares y comentarios de todos los colores y evitar conclusiones precipitadas formación de ideas ilógicas y falsas. En Derecho Penal, el momento procesal lo es todo.
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Peinado procesa a Begoña Gómez

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¿Qué está pasando realmente en el juzgado?

En muchos titulares de estos días se afirma que el juez ha procesado a Begoña Gómez. Sin embargo, en Derecho Penal las palabras no son intercambiables y cada fase del procedimiento tiene un significado preciso.

Comprender qué ha ocurrido realmente exige explicar, paso a paso, cómo funciona un procedimiento penal.


La instrucción no es el juicio

La fase de instrucción es una etapa de investigación.

Su finalidad no es declarar culpable a nadie, sino averiguar si existen indicios suficientes de delito. Puede compararse con el trabajo de un investigador que reúne piezas para comprobar si el puzzle tiene sentido.

Durante esta fase:

  • Se practican diligencias (declaraciones, informes periciales, aportación de documentos).
  • Se valora si existen indicios racionales de delito.
  • La presunción de inocencia permanece intacta.

El juez instructor no juzga ni condena. Solo decide si el asunto debe continuar o archivarse.

El llamado "Auto de Transformación"

Lo que se ha dictado en este caso es, técnicamente, un Auto de Transformación del Procedimiento Abreviado.

Este auto significa:

  • Que el juez considera concluida la investigación.
  • Que existen indicios suficientes para continuar el procedimiento.
  • Que corresponde ahora a las partes decidir si formulan acusación.

No equivale a condena, ni siquiera a juicio. Es simplemente el final de la fase de investigación.

Podría explicarse gráficamente así:

  • Semáforo verde: archivo (no hay indicios).
  • Semáforo ámbar: auto de transformación (hay indicios y se continúa).
  • Semáforo rojo: juicio (decisión final).

El juez no acusa: lo hacen las acusaciones

Tras el auto de transformación, el juez remite las actuaciones al Ministerio Fiscal y, en su caso, a las acusaciones personadas.

Estas partes deben decidir entre:

  1. Solicitar el archivo, si consideran que no hay base suficiente.
  2. Presentar escrito de acusación, si entienden que procede continuar.

Sin un escrito formal de acusación, no puede abrirse juicio.

Este punto es esencial y frecuentemente mal explicado en los medios.

El siguiente paso: archivo o apertura de juicio oral

Una vez presentados los escritos de las partes, el juez debe adoptar una de estas decisiones:

  • Auto de sobreseimiento (archivo)
    Si no existen acusaciones o si estas no se sostienen jurídicamente.
  • Auto de apertura de juicio oral
    Si existe acusación formal.

En caso de apertura del juicio oral, el asunto se remite al órgano competente para juzgar —en este caso la Audiencia Provincial—.

La intervención de jurado popular dependerá exclusivamente del tipo concreto de delito imputado.

La realidad procesal frente a la percepción pública

La confusión habitual surge cuando se utilizan términos jurídicos con significados imprecisos o simplificados.

Decir que alguien ha sido “procesado” o “acusado” cuando solo se ha dictado un auto de transformación puede generar una percepción errónea de la situación real.

En este momento procesal:

  • No hay condena.
  • No hay juicio abierto todavía.
  • No existe responsabilidad penal declarada.

Solo existe una investigación terminada y pendiente de que las partes decidan si acusan.

Sobre los comentarios políticos y la independencia judicial

Las manifestaciones públicas de responsables políticos sobre decisiones judiciales deben analizarse desde la perspectiva de la prudencia institucional.

Ello no obsta para afirmar que:

  • La independencia judicial exige respeto a las resoluciones judiciales, aunque puedan ser criticadas jurídicamente.
  • La crítica política es legítima dentro de los límites del respeto institucional.
  • Las eventuales responsabilidades políticas —si existieran— son distintas y separadas de cualquier responsabilidad penal.

A día de hoy, cualquier valoración sobre responsabilidades penales futuras sería prematura sin la existencia de acusación formal y sin juicio.

Conclusión

Lo ocurrido no es una condena ni un juicio. Es, simplemente, el cierre de una investigación y el inicio de una nueva fase procesal.

Comprender esta diferencia es fundamental para interpretar correctamente los titulares y comentarios de todos los colores y evitar conclusiones precipitadas formación de ideas ilógicas y falsas.

En Derecho Penal, el momento procesal lo es todo.

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