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Sánchez y Marlaska delegan en una Secretaria de Estado la representación en el funeral de dos guardias civiles en Huelva

10 mayo, 2026 31 lecturas
Sánchez y Marlaska delegan en una Secretaria de Estado la representación en el funeral de dos guardias civiles en Huelva

Honor sin honores de Estado: la soledad del uniforme ante el silencio institucional

Quien ha vestido un uniforme y ha jurado servir a España sabe que el compromiso con el deber implica aceptar riesgos que la mayoría de los ciudadanos nunca llegará a conocer. Se asume con naturalidad el sacrificio, la disciplina y, llegado el caso, la entrega de la propia vida. Lo que resulta más difícil de comprender es la sensación de vacío institucional cuando quienes han caído en acto de servicio no reciben el respaldo simbólico que merecen.

La ausencia del presidente del Gobierno y de miembros relevantes del Ejecutivo en el último adiós a los guardias civiles recientemente fallecidos ha sido interpretada por muchos miembros de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como una señal de distanciamiento institucional. Más allá del debate político, el problema es profundamente simbólico.

En el ámbito militar y policial, los gestos poseen un valor esencial. El saludo, la presencia en los funerales, los honores y el respeto a los caídos no son simples formalidades. Constituyen parte de la cohesión moral de instituciones construidas sobre la lealtad, el sacrificio y el sentido del deber.

“El honor es mi divisa”, lema histórico de la Guardia Civil, no solo interpela a quien sirve, sino también a las instituciones que representan al Estado. Reconocer públicamente a quienes han perdido la vida protegiendo a los demás no debería entenderse como una cuestión ideológica ni protocolaria, sino como un deber institucional básico.

Cuando quienes sirven en primera línea perciben una creciente distancia entre el poder político y la realidad operativa del terreno, puede aparecer una sensación de desamparo institucional que afecta a la moral colectiva. El riesgo operativo siempre ha formado parte del servicio; la percepción de indiferencia institucional es otra carga distinta y mucho más difícil de asumir.

Los guardias civiles fallecidos cumplieron con su deber sin preguntar quién gobernaba ni cuál era el clima político del momento. Lo hicieron porque entendían el servicio como una obligación hacia España y hacia los ciudadanos.

A sus familias, solo cabe trasladar respeto, gratitud y memoria. Porque más allá de cualquier circunstancia política, quienes dieron su vida en cumplimiento del deber merecen ser recordados con la dignidad y el reconocimiento que exige el uniforme que vistieron.