Volver
Portada de El Mundo

Sánchez se inviste de jefe de un "ejército" mundial contra la derecha

19 abril, 2026 33 lecturas
Sánchez se inviste de jefe de un "ejército" mundial contra la derecha

Multilateralismo, comercio y silencios incómodos

La IV Reunión en Defensa de la Democracia celebrada en Barcelona y la visita oficial de Pedro Sánchez a China en abril de 2026 dibujan un escenario revelador. Mientras en Barcelona se reivindica el multilateralismo como bandera política, en Pekín se practica una diplomacia cuidadosamente silenciosa respecto a uno de los informes más incómodos de la propia ONU: el relativo a Xinjiang.

El multilateralismo suena impecable en los discursos. Pero la política real rara vez se mueve en el terreno de las ideas puras. Se mueve en el de los intereses.

Barcelona: política exterior y política interna

La cumbre reunió a dirigentes como Lula da Silva, Gustavo Petro o Claudia Sheinbaum bajo un mensaje común: frenar el unilateralismo y defender el orden internacional basado en reglas.

Formalmente, el mensaje es impecable.

Sin embargo, toda iniciativa política tiene más de una dimensión. En clave geopolítica, España busca consolidarse como puente entre Europa y el llamado Sur Global. En clave interna, la proyección internacional del presidente adquiere especial relevancia en un contexto nacional marcado por controversias judiciales y presión mediática.

No es extraño: la política exterior también se utiliza —y siempre se ha utilizado— como instrumento de posicionamiento interno.

Xinjiang: cuando las reglas incomodan

Aquí aparece la contradicción más visible.

Resulta difícil invocar el fortalecimiento de la ONU como principio rector y, al mismo tiempo, evitar mencionar uno de sus informes más contundentes. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos concluyó que determinadas prácticas en Xinjiang podrían constituir crímenes de lesa humanidad.

Los datos conocidos son inquietantes:

  • Internamiento masivo de población uigur desde 2017.
  • Uso intensivo de vigilancia biométrica y control digital.
  • Denuncias documentadas sobre trabajo forzoso.
  • Transformaciones culturales impuestas mediante políticas lingüísticas y familiares.

Nada de esto es retórica política: son conclusiones recogidas en informes internacionales.

El silencio sobre estos hechos no es neutro. Es una decisión política.

La lógica de la realpolitik

La visita a China se centró en comercio, inversiones y cooperación estratégica. Es comprensible: China es la segunda economía mundial y un socio imprescindible en sectores clave.

Pero ahí reside precisamente el dilema.

El multilateralismo basado en reglas solo mantiene credibilidad cuando esas reglas se aplican incluso cuando resultan incómodas. Cuando dejan de mencionarse en función del interlocutor, se convierten en una herramienta flexible, no en un principio.

No es una cuestión ideológica. Es una cuestión de coherencia.

Multilateralismo selectivo

El problema no es relacionarse con China. Ningún país relevante puede permitirse lo contrario.

El problema es la selectividad moral.

Se invoca el sistema internacional cuando refuerza una posición política, pero se relativiza cuando entra en conflicto con intereses comerciales o estratégicos. Eso no invalida el multilateralismo, pero sí revela sus límites reales.

La política internacional nunca ha sido un ejercicio de pureza moral. Pero tampoco debería convertirse en un ejercicio de amnesia selectiva.

Política exterior y posición gubernamental interna

Existe otro elemento difícil de ignorar.

Cuando el debate político interno se vuelve incómodo, la agenda internacional ofrece un escenario distinto: cumbres, viajes oficiales y encuentros multilaterales proyectan una imagen de liderazgo y normalidad institucional.

No es un fenómeno nuevo ni exclusivo de un país concreto. Es una práctica conocida en la política contemporánea.

Pero conviene reconocerla como tal.

Conclusión: El idealismo declarado y el velo del pragmatismo aplicado

La reunión de Barcelona y la visita a China no son episodios aislados. Son ejemplos claros de la tensión permanente entre principios y pragmatismo.

El multilateralismo sigue siendo un concepto atractivo y necesario en un mundo interdependiente. Pero su credibilidad depende de algo mucho más simple: aplicarlo también cuando resulta incómodo.

Porque en política internacional, el verdadero test de coherencia no está en los discursos, sino en los silencios.